La COVID-19 y el drama sanitario asociado ha provocado un aumento de herencias imprevisto que ha obligado, en muchos casos, a renunciar a ellas por no poder hacer frente a los costes derivados de las mismas. Estos costes, tipificados en el Impuesto de Sucesiones, la plusvalía municipal o las deudas asociadas a los inmuebles, constituyen “una sombra que planea de forma amenazante sobre las personas, especialmente en tiempos pandémicos, con la disminución general de los ingresos y la propia volatilidad de la mortalidad en medio de una crisis de tal calibre”, señala en una entrevista a Confilegal Carmen González, socia fundadora de nuestro bufete.

El Impuesto de Sucesiones, además, varía según el grado de parentesco o la Comunidad Autónoma de residencia, lo que “suele traducirse en una cantidad elevada a la que se tiene que hacer frente”, explica la abogada. Por ello, muchas personas buscan alternativas y, una de ellas, es la donación de bienes. Pero ¿qué diferencias hay entre donar o inscribir un bien en el testamento?

La primera diferencia fundamental es que la donación se hace efectiva en vida, mientras que en el testamento hay que esperar a que la persona fallezca”, explica González, que apunta que la donación es un buen instrumento cuando se quiere beneficiar a un heredero por encima de otro. Pero advierte: “No son un sustitutivo del testamento y pueden, si no se han hecho bien o conforme a ley, terminar revirtiendo en la herencia”. En este sentido, esta donación no debe realizarse en caso de querer adjudicar una parte del patrimonio (dinero o inmuebles) sin perjudicar la legitima de los herederos forzosos.

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